Hoy me vuelvo a ir al pueblo durante unos días. Tengo trabajos que hacer y compromisos familiares a los que asistir. Uno, que le gusta ir y venir.
En el pueblo hay toda una fauna con la que bien podría hacer Jesús Quintero una nueva versión de "Ratones Coloraos" pero a la extremeña, con bellotas de por medio. Bellotas es lo que le caería de la cabeza al personaje que os presento a continuación si lo meneáramos durante un rato. Le dicen Bigote, no llega a los 22 años, y ya ha pisado correccionales y algún que otro calabozo. A su favor: Dicen que no es mala persona, sólo que el alcohol le revoluciona las neuronas. No obstante, yo me quedo con la gente que le da por reirse y caerse al suelo. Pueden imaginarse el currículum de anécdotas que tiene este muchacho a sus espaldas. Aquí tenemos las cuatro más sonadas, o al menos las que mejor conozco.
Anécdota 1: El bautizo mediático de Bigote tuvo lugar en la ruralísima discoteca del pueblo, cuando una noche de invierno hizo su entrada con una escopeta al hombro para disparar a todo bicho viviente. No hubo que lamentar víctimas, pero su objetivo parece que apuntaba a la Benemérita. Pobres guardias civiles, que allí son unos mandaos!
Anécdota 2: Como la pirómana de ayer, a Bigote le gusta el fuego. Eso es lo que debieron pensar los animalitos del reptilario de un parque natural que tenemos a las afueras del pueblo. Todos ellos murieron, los pobres. Sólo quedó en pie el suelo de cemento. La casita era de madera, y claro, eso prende pronto.
Anécdota 3: Bigote, en realidad, es un hombre de mundo. Sin carnet de conducir, cual Farruquito, y sin pedirle permiso a nadie, arrancó el coche de su padre un buen día para prosperar... en Madrid... pasando por Toledo. Supongo que a la mitad del camino la tierra lo llamó, y volvió a sus raices más pronto de lo esperado.
Anécdota 4: A Bigote le gusta veranear. Y bañarse en el mar. Y si la ocasión lo permite, cambiar de continente. Por ello una vez, estando en una paradisíaca playa gaditana a la que llegó con dos amigos más una mañana tras una noche de alcohol y drogas, una vez en el agua, pensó que sería buena idea ir nadando hasta África. Debió cansarse, parece, pues al rato empezó a hacer movimientos espasmódicos con los brazos, lo que hizo intervenir a los vigilantes de Cruz Roja.
Dedicado con cariño a los locos de este mundo... que "habemos" un montón
En el pueblo hay toda una fauna con la que bien podría hacer Jesús Quintero una nueva versión de "Ratones Coloraos" pero a la extremeña, con bellotas de por medio. Bellotas es lo que le caería de la cabeza al personaje que os presento a continuación si lo meneáramos durante un rato. Le dicen Bigote, no llega a los 22 años, y ya ha pisado correccionales y algún que otro calabozo. A su favor: Dicen que no es mala persona, sólo que el alcohol le revoluciona las neuronas. No obstante, yo me quedo con la gente que le da por reirse y caerse al suelo. Pueden imaginarse el currículum de anécdotas que tiene este muchacho a sus espaldas. Aquí tenemos las cuatro más sonadas, o al menos las que mejor conozco.
Anécdota 1: El bautizo mediático de Bigote tuvo lugar en la ruralísima discoteca del pueblo, cuando una noche de invierno hizo su entrada con una escopeta al hombro para disparar a todo bicho viviente. No hubo que lamentar víctimas, pero su objetivo parece que apuntaba a la Benemérita. Pobres guardias civiles, que allí son unos mandaos!
Anécdota 2: Como la pirómana de ayer, a Bigote le gusta el fuego. Eso es lo que debieron pensar los animalitos del reptilario de un parque natural que tenemos a las afueras del pueblo. Todos ellos murieron, los pobres. Sólo quedó en pie el suelo de cemento. La casita era de madera, y claro, eso prende pronto.
Anécdota 3: Bigote, en realidad, es un hombre de mundo. Sin carnet de conducir, cual Farruquito, y sin pedirle permiso a nadie, arrancó el coche de su padre un buen día para prosperar... en Madrid... pasando por Toledo. Supongo que a la mitad del camino la tierra lo llamó, y volvió a sus raices más pronto de lo esperado.
Anécdota 4: A Bigote le gusta veranear. Y bañarse en el mar. Y si la ocasión lo permite, cambiar de continente. Por ello una vez, estando en una paradisíaca playa gaditana a la que llegó con dos amigos más una mañana tras una noche de alcohol y drogas, una vez en el agua, pensó que sería buena idea ir nadando hasta África. Debió cansarse, parece, pues al rato empezó a hacer movimientos espasmódicos con los brazos, lo que hizo intervenir a los vigilantes de Cruz Roja.
Dedicado con cariño a los locos de este mundo... que "habemos" un montón

No hay comentarios:
Publicar un comentario