domingo, 19 de diciembre de 2010

Er Niño de la Coca-Cola


Os presento a Carlos, "Er niño de la Coca-Cola". Hay gente adicta al alcohol, al tabaco, al hachís, a la cocaína. Otros son adictos al juego. También hay personas adictas al café. Incluso hay algunos adictos al sexo. Pero Carlos no, Carlos es adicto a la Coca-Cola. Cualquiera que lo haya conocido alguna vez puede haberlo visto con sus propios ojos. En la guantera de su coche no lleva agua mineral, ni aspirinas, ni sobrecitos de almax. No. Lleva una botella de dos litros de Coca-Cola calentorra. En los semáforos, abre su guantera y bebe un trago. Aquel fin de semana que pasó con nosotros en la playa, aparte de ensuciar la casa y no limpiar, aparte de tener el horario al revés por aquello de su trabajo de dj de discoteca de cuarta y despertar a todos al llegar sin importarle ruidos de puertas y ventanas, aparte de no pagar las comidas, aparte de monopolizar el cuarto de baño durante horas y horas sin importarle las más que probables ganas de miccionar y/o defecar del resto de personas que estábamos en el apartamento, aparte de todo eso y de algunas cosas más, compraba diariamente unos seis litros de su adicción favorita, teniendo la curiosa manía de dejar el último tramo de la botella sin consumir. Uno lo sabe porque, claro, esas botellas no las recogía, sino que iba distribuyéndolas por la casa según sus circunstancias o comodidades. Un curioso personaje de difícil asimilación. Un estado constante de nervios incontrolados. Un ejemplo de lo que la Coca-Cola puede causar en el ser humano.
 

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